capítulo IV

Mis vecinos gritan. Gritan antes de comer, gritan haciendo la digestión, gritan cuando llueve, gritan cuando follan. Cualquier momento les viene bien para tensar las cuerdas vocales. No me acostumbro. No quiero dejar este piso, es grande y huele a mí. Ya lo he bautizado como mi piso. Vale que no era champán, pero una cerveza de importación alicatando la alfombra también cuenta. La alfombra es lo más caro. Efectivamente: un regalo. El resto ya estaba aquí cuando llegué. Creo que a mis muebles no les gusto. Ellos sí están acostumbrados a los gritos, lo sé porque nunca golpean la pared. Ya he dicho que me gusta mi piso, no quiero irme de mi piso.
Cada día gritan diferente, igual de alto pero diferente. No entiendo lo que dicen ellos y no entiendo lo que dice la tele. Me levanto a subir el volumen. ¿El mando? Prefiero levantarme, no uso el mando cuando me enfado. Dejo la barra casi al máximo, la voz de Shin Chan se distorsiona. Me gustan los dibujos. Me molesta el volumen tan alto, pero por lo menos esta molestia la elijo yo.
A él no le he visto nunca, con ella me cruzo siempre a las 14:30 p.m. comprando el pan. Yo vuelvo de la Galbana y ella va y vuelve de su casa. Tiene cara de grito. Al verla no puedo evitar pensar: zorra. Pelo revuelto (también de grito), cejas milimétricas, rímel en cantidades industriales y pintalabios rosa del Todo a un euro de la esquina. Me la imagino tirándose a ese pobre hombre, destrozándole los músculos y gritando algo así como: vamos cabronazo ¡préñame! En realidad lo último no es fruto de mi imaginación, lo grita todos los viernes. ¿Por qué follan los viernes?
Cuando pide su barra de pan “tostadita” no grita, sonríe y siempre lleva el importe exacto. Treinta y cinco céntimos. Treinta y cinco orgasmos es lo que a ti te hace falta, pienso. Cuando se gira siempre estoy ahí.

-Buenas tardes. Qué día tan bueno ¿verdad?
-Como ayer.
-Y como mañana, han dicho en la tele que seguirá el buen tiempo.
Y yo que sé lo que dice la tele si tú no paras de gritar. Esta vez no la llamo zorra.
-Ya, bueno, prefiero la lluvia.
-No puede llover al gusto de todos. –Se ríe.
Ni al de todos ni al de nadie, este fin de semana no llueve y punto.
-Hasta luego.
-Adiós.

“Una barra tostadita”, “préñame cabronazo”. Alguien que pasa así del diminutivo tímido y sonriente al superlativo orgásmico no puede ser trigo limpio. Pero está buena. Cuando se está tan buena se permiten esas cosas, es un claro ejemplo de corrupción blanca para los sentidos. La miro al salir del establecimiento, mueve el culo como si sintiera mis ojos. Adivino el tanga, con algún dibujo cursi en la parte delantera, las nalgas tiran de las costuras del pantalón. Tiene un culazo extremadamente visual. Me mira al cerrar la puerta, saluda agitando los dedos y me sonríe. Sabe que siempre le miro el culo.

-Hola. Dos barras. –Voy a congelar una.
-Setenta. –Me mira como a un pervertido.
Pago con un euro y dejo el cambio como propina. Soborno. Respeto a treinta céntimos, más barato que el pan.

Se les escucha desde la escalera. En el primero sólo voces, en el segundo se entienden los insultos, en el tercero me siento parte de la discusión. Ella debe de estar gritando con la barra de pan aún en la mano. Hace un momento sonreía y presumía de culo ante mis ojos llenos de manos virtuales sobre sus nalgas. Ahora grita armada con una barra de pan “tostadita”. De pronto silencio.
El timbre. Espío por la mirilla al improvisado invitado. Una barra de pan pegada a una señora.

-Perdona, olvidé comprar sal. ¿Tienes un poco?
-Eh… sí, sí tengo. Tengo mucha.
-¿Mucha? –Ríe, se embellece. –Me basta con un poco.
-¿Discutías por eso? –Lengua 1, cerebro 0.
-¿Qué?
-Ahora mismo, se oían gritos.
-Estas paredes son de cartón. –Silencio-. Discutía porque a Germán le gusta el pan muy blanco. A mí me da asco, blando y crudo. ¡Puag!

Supongo que cada cual tiene sus herramientas para la rutina. Estos dos individuos se tiran los trastos todos los días. Tema importante el de cocción del pan, sin duda. Busco la sal, es una de esas cosas que siempre pongo en un sitio diferente. Ella pasa al salón. Arrastra los pies por el parqué y los ojos por el mobiliario. Me da vergüenza. Se está haciendo una idea de mí, no importa cuál porque va a equivocarse, pero me irrita que piense en mí a través de mis cosas.

-¡Llevas aquí un año, ¿no?! –Grita, cómo no, desde el salón.
-¡Casi, diez meses y medio! –Enhorabuena, ya somos dos gritando. Esta mujer es contagiosa.
-Ah, muchas gracias. –La sal en una mano y el pan en otra-. Te debo una, cualquier cosa que necesites no tienes más que pedirla.
Pues vengo necesitando un polvo varios días. Inviable, sus gritos son el enemigo número uno de la discreción.
-Te tomo la palabra entonces.
-Me llamo Laura
Lo sé, lo he leído en el buzón.
-Encantado Laura. Tengo más sal si quieres. –Se ríe
-Lo sé, mucha sal… Mañana me olvido otra vez de comprar y me invitas a un café. Y traigo yo el azúcar. Así estamos en paz. –Se vuelve a poner preciosa, parece un invierno.
-Vale… ¿Hasta mañana? –Confirme por favor.
-Hasta mañana. –Confirmado-. Y gracias de nuevo.
-Gracias a ti. –Se va. Cierro muy despacio.

¿Gracias a ti? Daños colaterales de la hostelería. Vuelven a gritar. Y no sé si comer pasta o lentejas. Y hace un calor de muerte. Y no me apetece ducharme. Y se me cae la sal. Y es viernes.

10 comentarios:

  1. ¡Capitulazo! Brillante, este tiene muchas perlas, enhorabuena

    un saludo

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  2. Muchas gracias Sergio. Feliz de que te hayas divertido.
    Un abrazote tío.

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  3. La cosa comienza a ponerse caliente. Seguro que esta gritona un día de estos pasará a preguntarte cualquier duda informática.

    Este tipo es alguien sin trabajo, que bebe gratis y sufre provocaciones eróticas en su propia casa. La sociedad en crisis necesita alguien que la cuente en primera persona. No pienso perdérmerlo.

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  4. Gracias Paco. Contar contigo es un regalo, no me cansaré de repetirlo. Todo el abrazo

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  5. me sorprendes, casi siempre lo haces, ya sea poesía o prosa, acabaré sentándome a tomar un café con el protagonista quizás con todos ellos, porque hay tantas miradas reflejadas en tus crónicas.

    Bien retratado my Brother

    (no se muy bien como introducir mi nombre, a si que de parte de Olga aunque diga anónimo)

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  6. "...diminutivo timido a superlativo orgasmico..."
    no hay mas que decir

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  7. Hola Olga, que bien tener pruebas físicas de tu compañía ja ja ja. Estoy seguro de que cualquiera de ellos estaría dispuesto a invitarte a un café. Michas gracias sister. Todos los besos que te quepan.

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  8. Gracias anónimo por tu lectura y comentario. Me gustaría saber quien eres, pero el misterio también tiene su punto. Mi abrazo

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  9. Éste es especialmente bueno, sigo leyendo que me has enganchao (3.05 am)

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